Crónica · Ciclo Sinfónico UPM

La Orquesta cierra por todo lo alto el Ciclo Sinfónico UPM

Hay despedidas que se limitan a bajar el telón y otras que lo levantan una última vez para enseñarlo todo. La mañana del domingo 7 de junio, la Orquesta Sinfónica UPM, el Coro UPM y la compañía L’Operamore eligieron la segunda opción: una matinal de teatro musical en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional para cerrar el Ciclo Sinfónico UPM con Bizet y Falla.

La primera parte trazó el camino con inteligencia. La Suite n.º 2 de Carmen, de Bizet, funciona como un compendio del calor mediterráneo de la partitura, y la orquesta la abordó con apetito: del paso ceñido de la Marcha de los contrabandistas al balanceo insinuante de la Habanera, del recogimiento del Nocturno al desplante de la Canción del toreador. Bajo la batuta de Pablo Puga, el conjunto cuidó el equilibrio entre familias —cuerda mullida, metales sin estridencias, una percusión que sabía cuándo morder— y dejó respirar a las maderas en los solos que Bizet reparte con generosidad.

Lejos de ser un mero aperitivo, esa primera mitad apuntaba ya hacia el sur. La Danza bohemia que cierra la suite, con su acelerón vertiginoso, anticipaba la temperatura de lo que vendría después: si Bizet imaginó una España desde fuera, la segunda parte iba a ofrecerla desde dentro, sin intermediarios.

Dos bailaores se saludan con los brazos en alto ante el coro y la orquesta.
Los dos bailaores de L’Operamore, durante uno de los números de baile.

Porque el verdadero envite llegó tras el descanso. La vida breve, de Manuel de Falla, es una de esas obras que exigen mucho más que una orquesta competente: pide narración, ambiente y, sobre todo, verdad andaluza. Dirigida por Javier Corcuera, la versión apostó por una puesta semiescénica que pobló el escenario de vida. A las voces solistas de L’Operamore, encargadas de encarnar a los personajes del drama, se sumaron un cuadro flamenco con guitarra, cantaora y dos bailaores, integrados en el cuerpo mismo de la orquesta.

Una bailaora con vestido de flamenca alza los brazos mientras el guitarrista toca y la orquesta acompaña.
Una de las voces solistas de L’Operamore da cuerpo al drama de Falla.

El argumento —el amor traicionado de Salud en el Albaicín, su desenlace fulminante— encontró así su cauce natural. La fragua que late en la partitura, ese pulso de yunque que Falla convierte en música, dialogó con la guitarra y el quejío de la cantaora hasta difuminar la frontera entre el foso sinfónico y el tablao. Cuando el cante hondo se alzó sobre el tejido orquestal, no sonó como una cita pintoresca, sino como otra sección más del conjunto.

El foso y el tablao dejaron de ser dos mundos.

Una de las cantantes solistas interpreta su papel frente a la orquesta.
Guitarra, cante y baile se incorporan a la trama sinfónica: el cuadro flamenco de La vida breve.

Los dos bailaores fueron, en ese sentido, mucho más que ornato. Su presencia dio cuerpo físico a la danza de Falla, tradujo en movimiento lo que la orquesta enunciaba en sonido y aportó al conjunto una tensión teatral que rara vez se ve en una sala de concierto. El Coro UPM, por su parte, sostuvo con solvencia su papel de voz colectiva —el pueblo que comenta, celebra y, finalmente, asiste a la tragedia—, cerrando el círculo dramático con un empaste notable.

Integrantes del Coro UPM cantando con sus partituras durante el concierto.
El Coro UPM, voz colectiva del pueblo granadino en La vida breve.

Conviene no olvidar el dato que da sentido a todo lo anterior: hablamos de una orquesta universitaria, nacida y sostenida en el seno de la Universidad Politécnica de Madrid. Que un proyecto así se enfrente a una obra de la dificultad de La vida breve —y la resuelva con este grado de ambición y de oficio— dice mucho de la trayectoria recorrida durante el curso y del nivel alcanzado por sus integrantes.

El público de la Sala Sinfónica lo entendió y respondió de pie, con una ovación larga repartida entre orquesta, coro, directores y compañía. Pocas maneras hay de cerrar una temporada mejores que esta: no con un punto y final discreto, sino con una afirmación rotunda de lo que la Orquesta Sinfónica UPM es capaz de ofrecer. Por todo lo alto, en efecto, y con la mirada ya puesta en el curso que viene.

Dos de los protagonistas del concierto sonríen y saludan sobre el escenario al término de la actuación.
Saludos sobre el escenario, al término de una mañana que despidió el Ciclo Sinfónico UPM.

Orquesta Sinfónica UPM · Coro UPM · Compañía L’Operamore
Bizet, Carmen (Suite n.º 2), dir. Pablo Puga · Manuel de Falla, La vida breve, dir. Javier Corcuera.